El canto mozárabe: claves de su historia (II). En torno a la reforma de Cisneros.

En la primera parte de este artículo se vio cómo la comunidad mozárabe toledana veía reconocidos una serie de privilegios a partir de 1101 con la concesión de la llamada Carta Mozarabum. Mediante este privilegio, se les permitía seguir celebrando por el rito mozárabe en las parroquias de dicho origen así como se les otorgaba la hidalguía, considerándoseles desde entonces hasta hoy, Damas y Caballeros a los descendientes de dichas familias mozárabes. Sin embargo, la estabilidad no era la tónica dominante en el resto del territorio peninsular, especialmente para aquellas mozarabías que seguían insertas en una administración islámica[1].

A pesar de todo, la comunidad mozárabe de Toledo aunque aceptada se encontraba en una situación de aislamiento litúrgico y precariedad económica, lo que, añadido a su circunscripción territorial, le impedía de todas maneras crecer. En ese estado se mantendría hasta el s. XV, cuando comienzan algunos intentos por restaurar la comunidad mozárabe para que recuperase el esplendor previo a la conquista de la ciudad por parte de Alfonso VI en 1085. El obispo de Segovia, Juan Vázquez de Cepeda, sería la primera autoridad de la que se tiene constancia que hizo una fundación para reactivar el rito hispánico (ca. 1436). Unos años después el obispo de Alcalá de Henares, Alfonso Carrillo de Acuña, volvería a poner la atención en el olvido en el que se sumía la liturgia mozárabe. Pero el gran impulso renovador llega con el nombramiento del nuevo arzobispo de Toledo, Francisco Jiménez de Cisneros (1495) realizado por la reina Isabel de Castilla, quien emprende una profunda reforma de la comunidad empezando por aceptarla, reconociendo su importancia histórica y riqueza litúrgica, así como amparándola en una capilla de la catedral[2]

Para llevar a cabo la reforma impulsada por Cisneros, el arzobispo designó a una comisión cuya labor consistió en realizar informes sobre el estado de las parroquias mozárabes y sus libros de culto, recuperar los textos de los antiguos códices hispánicos para reorganizar tanto el misal como el breviario, designar un impresor general (Melchor Gorricio), imprimir las nuevas obras (en la imprenta del alemán Pedro de Hagenbach) y suministrar de música las partes que así lo precisaran tanto de la misa como del oficio[3]. De esta labor nacieron las ediciones del Missale mixtum secundum regulam Isidori dictum mozarabes (1499-1500), el Breviarium secundum regulam Isidori (1502)[4] así como los cuatro cantorales conservados en la Capilla del Corpus Christi de la Catedral de Toledo.

 

 

Fig. 1 y 2: Portada del Missale Mixtum (izquierda) y del Breviarium mozárabe (derecha)

 

Reunida entre 1497 y 1498, la comisión estuvo encabezada por Alonso Ortiz, doctor por la Universidad de Salamanca y canónigo de la Catedral Primada de Toledo, junto con el resto de los párrocos mozárabes del momento[5]: Antonio Rodrigo, párroco de Santas Justa y Rufina, Alfonso Martínez Yepes, párroco de San Lucas, y Jerónimo Gutiérrez, párroco de Santa Eulalia. Según se recoge en una de las biografías de la época no podría tratarse de personajes más idóneos para tal empresa, pues eran «todos instructos en las ceremonias y antiguo modo de rezar, y cantar, según este orden Muzarabe»[6]. Sin embargo, poco más se conoce con certeza en cuanto a la génesis misma de los cuatro cantorales. Quizás por este motivo Pierre Aubry[7], basándose exclusivamente en la notación que presentan los libros de coro, dató su creación en torno a finales del s. XV, por similitud con la paleografía de los compositores franceses del Ars Nova. No obstante, este error documental fue anotado y subsanado por Germán Prado y Casiano Rojo en el momento en que ponen su atención tanto en los cantorales así como en el Misal y Breviario mozárabe. Al cotejar las fuentes, comprobaron que los textos litúrgicos coinciden en un altísimo porcentaje con los textos de las piezas musicales correspondientes de los cantorales, lo cual, dado el abandono de las antiguas fuentes góticas hace indicar que los libros de música fueron realizados con posterioridad a la redacción de los nuevos textos para la liturgia mozárabe. Si el misal como el breviario son de 1499/1500 y de 1502 respectivamente, es lógico pensar que los cantorales mozárabes fueron terminados al menos a partir de ese momento.

Por otra parte, existen un par de datos más relacionados con la cuestión musical. Con fecha de 18 de septiembre de 1508, en Alcalá de Henares fueron publicadas las Constituciones de la Capilla del Corpus Christi de las que se conserva una copia manuscrita posterior en la Biblioteca Nacional[8]. En este documento, concretamente en el fol. 75r, aparece la siguiente información con respecto al canto:

«Digase por agora en tono hasta que haya libros de canto, y entonces se dirá cantado. La Missa se diga cantada, los Psalmos bien dichos a coros, y no se comience el un choro el verso, hasta que el otro haya acabado el suyo, y en medio del verso haga su pausa competente, y todos se levanten al Gloria Patri.»

Con esta descripción se puede apreciar claramente que todavía en 1508 no se había dotado a los capellanes mozárabes de unos cantorales de los que servirse para la liturgia, sino que se anima a hacer el oficio «en tono», un sencillo declamado.

 

 

Fig. 3: Folio 75r de las Constituciones de la Capilla del Corpus Christi de Toledo

con la referencia a las indicaciones musicales

 

La otra información, curiosamente también de 1508, se extrae del Libro de Obra y Fábrica número 802 de la Catedral de Toledo[9]. En el fol. 83 de este volumen, se menciona al clérigo Luys Daguado (o Luis de Aguado), a quien se ordena un pago para la realización de un «Ofiçerio pa lo moçarave». Casualmente, esta información parece hacer referencia al que se suele catalogar como Cantoral I, el cual contiene los cantos del oficio para todo el año litúrgico. Ángel Fernández Collado va más allá y, en la introducción a la edición facsímil de los cantorales, atribuye la creación tanto de éste como del Cantoral II directamente a Luis de Aguado. No obstante, quedaría de forma más o menos clara que la creación de los cuatro cantorales mozárabes es, cuanto menos, posterior a la edición del misal y del breviario mozárabes. Si además se le otorga fidelidad y veracidad a los dos documentos que hablan de lo musical, éstos serían al menos posteriores a 1508.

 

 

Fig. 4: Portada de la edición facsimilar de los Cantorales Mozárabes de Cisneros.

 

Como anteriormente se ha mencionado, son un total de cuatro los cantorales mozárabes propiedad de la Capilla del Corpus Christi de la Catedral de Toledo. Siguiendo la denominación de los mismos propuesta por Ángel Fernández Collado[10], éstos son: 

-       Cantoral I: conocido como de tempore, contiene el oficio de todo un año litúrgico completo. Consta de 190 folios aunque le faltan los que se comprenden entre el 105 al 112, desaparecidos.

-       Cantoral II: conocido como de sanctis. Lo forman un total de 117 folios y presenta una especie de división interna. La primera parte muestra el oficio del común los santos mientras que la segunda está compuesta por el propio de los santos.

-       Cantoral III: conocido como Liber Offerentium u Offerentio contiene las piezas musicales del ordinario mozárabe, conocido como offerentio u oferencio. Tiene un total de 39 folios y en él se recogen tanto los cantos del celebrante como las respuestas por parte del coro. Es el cantoral que se encuentra en peor estado de conservación ya que, como indica Fernández Collado, «su estado de conservación certifica claramente el paso del tiempo y su uso por numerosos capellanes» ya que «normalmente lo mandaban copiar los propios capellanes para su uso personal».

-       Cantoral IV: frecuentemente nombrado como Agenda Mortuorum, está compuesto por 52 folios. Contiene el oficio de difuntos y presenta, como en el caso del Cantoral II, una subdivisión en dos partes. La primera alberga el oficio de difuntos propiamente dicho. La segunda parte presenta el oficio de los titulares de las seis parroquias mozárabes de Toledo.

La diversidad y multiplicidad que se puede observar en el contenido de los cantorales cisnerianos es destacable, ya que en estos se presenta casi la totalidad de los cantos necesarios para la liturgia mozárabe reformada. Sin embargo, lo que deja claramente de manifiesto la labor de la comisión que encabezó Ortiz, es que se realizaron unos esfuerzos verdaderamente grandes por la recuperación de unas formas litúrgicas  desmembradas que, a pesar de su protección medieval, habían quedado casi condenadas a su desaparición.

En cuanto a la notación que presentan estos libros corales se trata de una mezcla de figuras rítmicas con agrupaciones frecuentes y tradicionales de la notación mensural o franconiana (establecida a finales del s. XIII). En las claves de Do y Fa en sus diferentes posiciones se pueden interpretar longas, breves, semibreves, mínimas, semimínimas, ligaduras de todos los tipos, punctum aditionis, «notas alphadas», y un largo etcétera de símbolos que reflejan una clara intención rítmica por parte de los anónimos copistas. Además, el propósito rítmico es claro ya que en las agrupaciones de valores largos con breves predomina una lógica epistémica. No obstante, bastantes piezas del offerentio aparecen con una notación bastante sencilla, propia del carácter de las mismas, siendo éstas simples entonaciones del sacerdote o del diácono. Se trata de una práctica habitual de la que existen numerosos testimonios en España desde el s. XVI[11]: se otorga un valor más amplio a las sílabas tónicas de la lengua latina mientras que a las átonas les corresponden valores más ligeros.

Por lo que a las melodías se refiere, han sido diversos los autores que han sabido reconocer el origen de una buena parte de las mismas. De una forma clara, Mª Concepción Peñas[12] establece tres focos de procedencia: 

-       Melodías gregorianas: coinciden textual y, en cierta medida, musicalmente con piezas del repertorio gregoriano o de canto llano de la época. Están presentes principalmente en las festividades que no existían en el calendario visigótico medieval. Destaca su carácter rítmico complejo.

-       Melodías de origen mozárabe: es factible pensar que los miembros de la comisión mozárabe de Alonso Ortiz conocían los cantos que tradicionalmente venían haciéndose en las parroquias mozárabes, parte de los cuales fueran tomados como fundamento de la composición de los nuevos cantorales. Si bien la mayoría de las melodías son utilizadas en muy pocas ocasiones al año, sí que, por ejemplo, los cantos propios de los santos de las  parroquias mozárabes así como los del offerentio, eran repetidos a diario por la comunidad, lo cual terminaría por asimilarse en la memoria colectiva.

-       Melodías de nueva creación: destaca un último grupo melódico por presentar un mismo esquema melódico, como una especie de centón «con fragmentos comunes pero [que] se diversifican y evolucionan de manera imprevista como si respondieran a una inspiración personal». 

Pero, tras todo esto, salta a la luz una cuestión, ¿son o no las melodías mozárabes realmente hispano-mozárabes? En el aspecto litúrgico habría que decir que sí, todas, hasta las de nueva factura, ya que son las que se establecieron tras la reforma de Cisneros para ser cantadas en los diferentes servicios religiosos en rito hispano-mozárabe. Sin embargo, no se puede afirmar de forma tajante y definitiva que sean auténticas melodías hispano-mozárabes, puesto que éstas serían tan solo las que se conservan mudas en notación visigótica y que datan de la Alta Edad Media, anteriores a que el rito se suprimiera. Tan solo éstas serían las genuinas piezas hispano-mozárabes.

En general y a modo de conclusión se puede decir que los Cantorales Mozárabes de Cisneros se tratan de un conjunto de cuatro libros que albergan las piezas necesarias para los diferentes oficios religiosos de todo el año litúrgico según el rito mozárabe tras la reforma del mismo encomendada por el arzobispo Francisco Jiménez de Cisneros al canónigo Alonso Ortiz. Coincidentes totalmente con los textos publicados en el Misal y el Breviario, su factura se puede datar en la primera década del siglo XVI, son manuscritos y nunca fueron enviados a imprenta. En notación mensural o franconiana, las piezas podrían mostrar una triple génesis diferente que denota el especial cuidado e interés que la comisión mozárabe prestó para la elaboración de estos libros y para que su utilización primara incluso por encima de modernos criterios históricos y/o historicistas.

 

 

Fig. 5: Retrato del cardenal y arzobispo de Toledo, Francisco Jiménez de Cisneros.

Retrato original de la Sala Capitular de la Catedral de Toledo.

 

 

Bibliografía.

 

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[1] Para profundizar en el concepto de mozarabía: GONZÁLEZ FERNÁNDEZ, Julián, «Mozarabía versus Islam», Cuadernos del CEMYR, 2002, n.º 10, págs. 27 – 42. En cuanto a los conflictos, un hecho relevante fue la expulsión de los mozárabes de Granada en 1126: SERRANO RUANO, Delfina, «Dos fetuas sobre la expulsión de los mozárabes al Magreb en 1126», Anaquel de estudios árabes, 1991, n.º 2, págs. 163 – 182.

[2] La conocida como Capilla del Corpus Christi que fue construida ex profeso para la comunidad mozárabe. Proyectada por Enrique Egas, se realizó entre 1502 y 1510 y en ella se celebra desde entonces y de forma diaria misa por el rito hispano-mozárabe.

[3] Para una información mucho más detallada de todo el proceso reformador de Cisneros, se recomienda la consulta de: GONZÁLVEZ RUIZ, Ramón, «Cisneros y la reforma del rito hispano-mozárabe», Anales Toledanos, 2004, n.º 40, págs. 165 – 207.

[4] El misal se reimprimió en Roma por Alejando Lesley en 1755 y por el cardenal Lorenzana en 1804; el breviario, por su parte, volvería a ser editado en 1775 en Madrid.

[5] Se puede ampliar más información en: FERNÁNDEZ COLLADO, Ángel, La catedral de Toledo en el siglo XVI. Vida, arte y personas, Toledo, Diputación Provincial de Toledo, 1999.

[6] ROBLES, E., Compendio de la vida y hazañas del Cardenal don fray Francisco Ximenez de Cisneros: y del Oficio y Missa Muzarabe, Toledo, [s.n.], 1604, págs. 236-237.

[7] AUBRY, Pierre, Iter Hispanicum, París, Paul Geuthner, 1908.

[8] Bajo el título de Documentos referentes a las parroquias mozárabes de Toledo y a la capilla mozárabe de su catedral y con la signatura de MSS / 13034.

[9] Información aportada en el artículo: PEÑAS GARCÍA, Mª C., «Los Cantorales de Cisneros. Estudio y presentación del Cantoral I», Nassarre, vol. 20, 2004, n.º 1, pág. 263.

[10] Se sigue la descripción catalográfica propuesta por este autor en la introducción del facsímil que realizó la Catedral Primada de Toledo en 2011 de los Cantorales Mozárabes.

[11] Pueden encontrarse abundantes ejemplos de ello en los manuales de aprendizaje de canto llano impresos como Arte de canto llano de Francisco de Montanos, Breve suma de todas las reglas del canto llano de Martín y Coll o el Prontuario Músico de Gerónimo Romero de Ávila, entre otros.

[12] PEÑAS GARCÍA, Mª C., «De los cantorales de Cisneros y las melodías de tradición mozárabes», Nassarre, vol. 12,1996,  n.º 2, pág. 428.