Receta fácil para la redacción de una crítica musical

Durante los cuatro años en los que impartí la asignatura de “Música, comunicación y crítica musical”, dentro de la ya extinta Licenciatura de Historia y Ciencias de la Música de la Universidad de Granada, fueron muchos los alumnos que se acercaron a mí preguntándome “- ¿Cómo se hace una crítica musical?”. Al principio me resistí a darles una respuesta concreta y estructurada y me limitaba a decirles: “- escuchad mucha música, id a muchos conciertos y poneos delante de un papel en blanco a ver qué sale”. A algunos ese “síndrome de la hoja en blanco” se les hacía demasiado cuesta arriba, por lo que opté por darles otro consejo: “- leed mucho, leed textos sobre música y músicos, acostumbraros a mirar siempre las críticas musicales de los periódicos y las publicaciones especializadas”. Muchos siguieron mi consejo y muchos quedaron bastante decepcionados ante el panorama de la crítica musical actual. Mi resistencia a darles un esquema fijo, una receta (como la que presento en este artículo) tenía una clara justificación. Siempre he pensado que a escribir (al igual que a componer o a crear en cualquier género artístico) no se enseña: el alumno aprende observando, leyendo, escuchando y viviendo la experiencia de dicha escritura (composición o creación, en general). Sin embargo, la insistencia de algunos (muchos) alumnos  y mi propia curiosidad por comprobar si sería capaz de formular un modelo que, aunque lejos de ser infalible, sirviera como punto de partida para que cualquier alumno no iniciado pudiese enfrentarse a una crítica musical, me llevaron a redactar la presente receta. Aunque debe ir por delante que considero que, ante todo y sobre todo, un crítico musical debe huir de esquemas preestablecidos y redactar cada texto como si de una pequeña obra de creación se tratase: dejándose llevar por su creatividad, aunque sin descuidar el necesario rigor y fidelidad a la verdad.

Y es que en una crítica musical confluyen tres disciplinas: el periodismo, la musicología y la creación literaria. La importancia y el peso de cada una de ellas debe ser equilibrado. Cuando escribimos una crítica no estamos sólo informando de un suceso (un concierto, la aparición de un disco o el estreno de una opera), ni tampoco estamos haciendo solamente un estudio de investigación musical, ni mucho menos un simple ejercicio de divagación literaria... Una buena crítica ha de tener un poco de las tres cosas. Toda crítica se mueve entre dos polos de atracción: la OBJETIVIDAD informativa y la SUBJETIVIDAD valorativa, y ambos son importantes (ver esquema).

Reitero que no es mi pretensión proporcionar un esquema fijo, canónico e infalible, pero me permito lanzar algunas ideas que quizá puedan ser de utilidad al principiante en labores crítico-musicales:

- Suele ser muy útil hacerse un esquema previo, en el que señalar los aspectos más importantes que se quieren tratar en el texto definitivo.

- Recordar que el lector no tiene por qué haber estado en el concierto ni conocer a los intérpretes, por lo que no se debe dar nada por sabido. El lector tiene que tener todos los elementos informativos y valorativos a su disposición.

- También es posible que el lector sí estuviera en el concierto, por lo que no se debe mentir, ni inventar información, y sobre todo: no se debe hacer una crítica de un concierto en el que no se haya estado. Parece una impensable, pero algunos nos hemos sorprendido viendo en un periódico de tirada nacional críticas sobre algún concierto que había sido suspendido en el último momento. La mentira tiene las patas cortas.

- No es recomendable, ni ético (ni legal) copiar las críticas de otros medios de comunicación, pero sí deben leerse para tomar ideas o contrastar la opinión propia con la ya publicada por otros colegas del “arte de criticar”.

- ¿Conviene tomar notas en el propio concierto? No lo aconsejo, porque resta atención respecto al acontecimiento en sí, y porque puede distraer/molestar al intérprete. Me atrevo a trasladar una breve anécdota: en una ocasión envié a mis alumnos a realizar una crítica de un concierto de guitarra clásica que yo mismo organizaba. Todos asistieron pertrechados con sus blocs de notas y se sentaron juntos entre las filas uno y dos. Tras el concierto, el intérprete me confesaba que estaba seguro de que habían sido sus enemigos quienes habían enviado a sus alumnos para tomar nota de sus fallos. Yo disimulé como pude.

Entrando ya en materia (y repito –no me canso- que solo es una orientación) puede ser útil partir de una “estructura tipo”. La que os propongo aquí va de lo objetivo (informativo) a lo subjetivo. Imaginemos una crítica de unos cinco párrafos (no debe tener más de dos páginas ni menos de una).

EL TITULAR

Toda crítica ha de tener un buen titular. Debe ser breve, conciso y sobre todo ATRACTIVO, porque (no nos engañemos), en general, la gente no lee el periódico (ya es hora de reconocerlo): el periódico se ojea, se leen los titulares y se miran las fotos… y nos quedamos allí donde encontramos un punto de interés.

Ejemplo: “El melólogo”, “Una rareza músico-dramática”

ENTRADILLA

Todavía no hemos llegado a la parte redactada. Similar a la entradilla de los artículos periodísticos, suele ir en negrilla. En ella encontraremos la información básica del evento que se critica: título, intérpretes, repertorio, lugar, fecha y hora, incluso la cantidad de público.

Ejemplo Concierto “Del arte músico en la España ilustrada”. Obras de Haydn, Garay y Tomás de Iriarte. Intérprete: Camerata del Prado. Director: Tomás Garrido. Recitador: Ramón Langa. Aula Magna del Campus Las Lagunillas (Jaén), 28 de Septiembre de 2007, 20:00 h. Casi lleno.

PÁRRAFO 1: Respondemos a las preguntas básicas

Aunque la información básica del evento ya se ha dado en la entradilla, el primer párrafo ha de ir encaminado a concretar esa información y ampliarla. Se trata de responder a preguntas básicas (las WH-Questions, que dirían los anglosajones) tales como el:

¿Qué? Tipo de evento, características básicas.

¿Quién? Intérpretes, autores, tipo de público.

¿Dónde? Lugar en que se celebra, al aire libre, en un auditorio, etc.

¿Cuándo? Por la mañana, tarde, si se retrasó, si fue largo o corto, etc.

¿Cómo? Es un concierto aislado o forma parte de un ciclo, festival, quién lo organiza, quién lo patrocina, etc.

¿Por qué? Con motivo de qué se hace, tiene que ver con alguna conmemoración, es un concurso, certamen, se está recuperando un repertorio inédito, etc.

OJO: no respondamos como si fuera un formulario (para eso está la entradilla) sino que debe redactarse de una forma coherente y atractiva.

Nuestro lector ya sabe todo lo que tiene que saber sobre el evento al que nos referimos. Si le interesa, seguirá leyendo para ampliar información.

PÁRRAFO 2: Los intérpretes

Seguimos dando información objetiva, pero ahora pretendemos ampliar datos sobre los intérpretes. Un poco de su curriculum, su experiencia, su calidad o fama, si es la primera vez que visitan nuestra ciudad. Hablaremos un poco sobre el director, los solistas, etc. Esta información suele venir en el programa de mano del concierto (si lo hay). No se trata de copiarlo al dedillo, pero sí de tomar la información más destacada. También se podrá encontrar información en Internet o en bibliografía especializada. Si ninguna de las anteriores fuentes funciona, habrá que recurrir al contacto directo y preguntar a los propios protagonistas, tras el concierto.

PÁRRAFO 3: El repertorio

Ahora nos referiremos, por extenso, al repertorio interpretado. Es un apartado informativo, pero ya podemos ir introduciendo algunos elementos valorativos. No se trata de dar un simple listado de todas las obras interpretadas con sus autores, ni tampoco tenemos por qué comentarlas una por una. Sería interesante explicar la estructura general del concierto (si la tiene), si tiene una temática concreta o es una miscelánea, si es coherente o anárquica, si es acertada o no. Podemos hablar un poco de los compositores (buscaremos en la bibliografía, mejor que en Internet). Podemos reseñar más ampliamente aquellas piezas más importantes, si hubo algún estreno, si se hicieron bises, etc.

PÁRRAFO 4-5 y siguientes: La interpretación

Nos movemos ya en terreno plenamente valorativo ¿Qué tal lo hicieron? Aquí es la opinión del crítico la que cuenta. Él –como experto- debe valorar si le pareció acertada o desacertada la interpretación que los actuantes hicieron de ese repertorio. Los criterios de valoración pueden ser muy variados: a menudo suelen ser comparativos (aunque las comparaciones son odiosas), es decir, podemos comparar con otros intérpretes de mayor o menor calidad. También pueden basarse en una teoría o escuela concreta de interpretación. Incluso el crítico puede dejarse llevar por los sentimientos que le suscita esa interpretación, a veces queda una especie de “divagación poética”, pero suele ser lo más acertado. ¿Qué han conseguido comunicarte con su interpretación? ¿Cómo te has sentido? También cuenta la opinión del público ¿Cómo fue reaccionando el público ante lo que sucedió en el escenario? En definitiva, el crítico debe ser “observador participante” de todo lo que sucede, dentro y fuera del escenario, debe empaparse de lo que supone asistir-disfrutar de un concierto.

PÁRRAFO FINAL

Suele quedar muy bien rematar con un párrafo final en el que se subrayen los aspectos más destacados. Es el párrafo más literario, en el que el crítico pretende dejar un buen sabor de boca al lector. A veces interpela al propio lector, aconsejándole o no la asistencia a ese concierto (si se va a repetir), recomendándole discografía de sus intérpretes... También puede felicitar o criticar a las instituciones organizadoras... Es quizá la parte más libre y subjetiva.

Creo que con esto es suficiente, aunque mi consejo para cualquier crítico principiante es que sea creativo y se deje llevar por lo que la música es capaz de comunicarle.

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