Joyas inéditas de la música española

El cuarteto de cuerda es considerado una de las formas más importantes de la música de cámara, especialmente después de la primera mitad del siglo XVIII. Aquella noche pudimos escuchar a uno de los conjuntos de cámara españoles más destacados, ejecutando tres obras para esta formación. Dos de ellas podemos decir que apenas habían sido oídas antes y la otra era más conocida, puesto que pertenecía al gran Juan Crisóstomo Arriaga. Todas recogen muy bien la riqueza musical española que tenemos entre finales del siglo XIX y principios del XX. Hay que destacar la labor realizada por el Proyecto de Investigación I+D+i, Música de cámara instrumental y vocal en España en los siglos XIX y XX: recuperación, recepción, análisis crítico y estudio comparativo del género en el contexto europeo (HAR2011 – 24295 / Ministerio de Ciencia e Innovación), dirigido por la doctora Christiane Heine, gracias al cual se pudieron recuperar dos de las obras que fueron interpretadas. De esta manera, los pocos señores y señoras que asistieron al Aula Magna de la Facultad de Medicina pudieron disfrutar de un repertorio rescatado y prácticamente nuevo que nos recuerda, junto a la pieza del maestro Arriaga, el rico patrimonio musical que tenemos en España, aumentándonos así las ganas de seguir descubriendo buena música.

 

El Cuarteto Leonor, el fantástico intérprete, es uno de los conjuntos de cámara más relevantes de España, como ya hemos reflejado anteriormente, y con su nombre rinde homenaje al escritor Antonio Machado y a la provincia de Soria. El conjunto ha colaborado con compositores de la talla de Ramón Paus, Alejandro Román o Antón García Abril, además del coreógrafo costamarfileño George Momboye. También ha contado con la colaboración de artistas como Peter Buck (Cuarteto Melos), María Kliegel, Daniel del Pino o el Quinteto de viento de la Filarmónica de Berlín.

A día de hoy actúan con regularidad en el Museo Nacional de Artes Decorativas de Madrid y ejercen la docencia en conservatorios y escuelas de Madrid y la Comunidad Valenciana. A su vez, cuentan con la siguiente discografía: Octetos de Mendelssohn y Schostakovich; Ramón Barce, integral de los cuartetos de cuerda; Antón García Abril, música de cámara; y Ramón Paus, cuarteto de Gregal.

Esta formación contiene un repertorio que va de lo clásico y romántico al jazz. Generalmente, las composiciones musicales que se hacen para cuarteto constan de cuatro movimientos, como las tres piezas que escuchamos. Las dos obras de las que hablaremos a continuación fueron las recuperadas por el proyecto antes mencionado. Una de ellas es el Cuarteto en Sol Mayor, de autor anónimo, aunque atribuida a Sánchez Allú, y que ya había sido estrenada en 2014 por este mismo cuarteto en Granada. En ella pudimos notar los principales rasgos de la música de cámara de la segunda mitad del siglo XIX, con una presencia bastante notable del primer violín, llevando durante casi toda la obra melodías cantabili mientras el resto acompañaba.La otra es Cuarteto en Re menor de Emilio Serrano, que destaca como compositor de óperas, zarzuelas y piezas para piano. Éste en concreto se trata del único cuarteto que compuso y fue estrenado en 1909 en Madrid, por lo que resultó realmente conmovedor saber que oiríamos una obra de la que no hemos sabido nada durante 100 años, tratándose de un reestreno en toda regla. Está dedicada a la Excelentísima Señora Marquesa Viuda de Nájera y en cada uno de sus movimientos - unos más enérgicos, otros más melódicos - se aprecian motivos característicos que se repiten. Uno de los movimientos más recordados, desde mi punto de vista, es el último, donde el cello realiza un motivo sin arco que se va a repetir continuamente, un pizzicato, que actúa como base convirtiéndolo en un movimiento característico y llamativo.

Por último, cabe destacar el gran Cuarteto nº 1 en Re menor del prodigioso y “joven” compositor Juan Crisóstomo de Arriaga. La obra destacaba por sus fuertes cambios de tempo y el juego contrastante entre solo y tutti con los que se demostraba la maestría de su autor.

Tras un buen repertorio y unos buenos ejecutantes, debe haber una buena interpretación que nos deje con buen sabor de boca, y la verdad es que no fue menos. El cuarteto, además de una magnífica técnica, se complementaba muy bien y sabía transmitir la expresión detrás de cada nota. Los asistentes, a su vez, se mostraron totalmente respetuosos, así como los intérpretes, que además, cuando finalizaba el movimiento de una obra y observaban que seguía entrando público, esperaban a que todos estuvieran sentados antes de continuar, un detalle que junto al resto de elementos hicieron que se llevara a cabo un buen concierto.