Bel canto al piano

Con una equilibrada combinación de repertorio lírico italiano y español se abrió el concierto que presentaba la asociación granadina Juventudes Musicales, que contó con tres jóvenes intérpretes, todos ellos con gran experiencia a pesar de su corta carrera. Así, Ana María Tejada Tauste, al piano, se ha graduado en el Conservatori Liceu de Barcelona y ha realizado cursos de perfeccionamiento con Carmen Bravo, Francisco Álvarez y Juan Gallego-Coín, entre otros. En los últimos años ha participlado en el Ciclo Jóvenes Intérpretes del Parque de las Ciencias de Granada y Música en el Aljibejunto a la soprano Isabel Cánovas. Desde el año 2013 forma parte del trío Ondine, junto a la soprano Carolina Guillabert y la mezzosoprano Inma Sánchez. La soprano Carolina Guillabert, cursó sus estudios musicales en el Conservatorio Profesional Cristóbal Morales de Sevilla y realizó el Máster Oficial en Interpretación Lírica y Escénica por la Universidad de Jaén. Recientemente, además de haber cantado en recitales líricos en Alemania, Portugal y España, ha participado en la 2a Gala-Concierto Francisco Alonso en el Auditorio Manuel de Falla de Granada; ha intervenido en el ciclo de conciertos San Telmo Abierto, organizadopor la fundación Baremboim-Said junto al barítono Pablo Gálvez; y el pasado año interpretó el rol de Dorabella, de la ópera Cosi fan tutte, en la IV Edición de Barcelona Ópera Estudio. Forma parte asimismo de las producciones operísticas y sinfónicas del Coro Asociación Amigos del Teatro de la Maestranza deSevilla. Por último, el tenor Fran García, inició sus estudios musicales en la especialidad de piano a la temprana edad de 5 años, llegando al grado profesional de la misma. Pronto se decantó por el mundo vocal, entrado a formar parte de diversas formaciones corales. A los 17 años inicia la especialidad de canto en el Conservatorio Profesional de Música de Sevilla dónde continúa formándose.

Todos ellos gozaron de gran acogida por parte del numeroso público. Éste lo conformaban principalmente adultos y predominantemente de avanzada edad, quizás buena parte de ellos miembros de la asociación antes mencionada. No obstante, también la selección del repertorio motivó la positiva recepción de los asistentes pues se estructuraba a partir de una selección de breves arias y canciones llenas de melodismo, expresividad emotiva e inspiración popular, particularmente en el caso de las obras españolas. Se trataba, por tanto, de obras muy cercanas al público, y que contaron con el favor de éste ya en su momento de creación, ya fuera en el clasicismo dieciochesco (Mozart), en pleno romanticismo (Gastaldón, Verdi y Albéniz) o a comienzos del siglo XX (Falla). El concierto se dividió en dos partes, la primera consagrada a las piezas en Italiano mientras que la segunda al repertorio en español.

Tras una breve presentación por parte de uno de los miembros de la asociación Juventudes Musicales dio comienzo el concierto con la canción Musica proibita del compositor italiano S. Gastaldón (1861 - 1939), que la concibió como una pieza de salón para piano y voz. En ella se observaba un lirismo sencillo, con frases que delineaban un suave arco que ascendía a los agudos para volver nuevamente al punto de partida. La parte concedida al piano, si bien jugaba un papel de acompañante, poseía armonías que aportaban colorismo a las repeticiones temáticas y precisaba, en general, de mayores exigencias técnicas. La voz del joven tenor no era demasiado profunda, pero realizaba con limpieza la línea melódica, siempre contando con el refuerzo armónico del piano, que se ajustaba con maestría a los matices dinámicos y a su rol más bien secundario, ayudando además al cantante en su apurada llegada a las secciones más agudas de la canción haciendo uso del potencial sonoro del fortissimo con pedal de resonancia.

A continuación se interpretaron tres piezas del amplio catálogo del célebre compositor italiano Giuseppe Verdi (1813 - 1901). Al igual que la anterior, la primera se trató de una canción, titulada “Il povereto” caracterizada por un registro que no comprometía al cantante, con una suave línea melódica, de gran expresividad y dulzura. En lo que respecta al piano ocupó de nuevo el papel de refuerzo armónico, doblando en ocasiones la melodía. El tenor consiguió conducir su interpretación con mayor seguridad, desenvolviéndose con mayor soltura en el escenario y concediendo atención a la interpretación y gesticulación.

Las dos siguientes obras se insertan en la colección denominada Seis romanzas. Ambas requerían un mayor compromiso vocal y fueron interpretadas brillantemente por la soprano. La primera de ellas fue “In solitaria stanza”, que contrastaba con las anteriores por su tempo más rápido y un desarrollo más complejo de la melodía, haciendo uso del cromatismo y figuraciones virtuosísticas sin perder no obstante la claridad temática. La expresividad también quedaba plasmada en la ejecución de la voz, especialmente en el vibrato y el énfasis en determinadas palabras, oscurecidas sin embargo por la dicción. La voz de la solista se caracterizaba por poseer un gran volumen sonoro y profundidad, con graves ricos, limpieza en la ejecución de los adornos y agudos nítidos, por lo que podemos afirmar que se trata de una soprano lírico- dramática.

La siguiente pieza “More Elisa” posee un carácter más melancólico. La línea vocal era más uniforme y en cierto sentido natural, concentrando no obstante cierta riqueza armónica, propia del estilo romántico. La cantante se mostró en ésta más insegura, siguiendo la partitura en todo momento. En lo que respecta al piano, acompañaba con precisión la interpretación vocal, marcando sutilmente el tempo y destacando las breves secciones de transición en las que únicamente intervenía de forma solista este instrumento.

Tras haber realizado un viaje por el repertorio vocal del romanticismo tardío, la primera parte concluyó con la conocida aria “Voi che sapete” de la ópera Le nozze di Figaro de W.A. Mozart (1756 - 1791), En este caso el piano sí jugó un papel más notorio, dialogante, con pequeños ornamentos y escalas que la intérprete hacía conscientemente emerger sobre la línea melódica de la voz. Con esta popular obra consiguieron arrancar un enérgico aplauso del público, sin embargo a nivel interpretativo el tempo era sensiblemente más acelerado del que acostumbra a ejecutarse en este aria y la expresividad dinámica era ciertamente brusca, más propia del repertorio anterior.

A modo de preludio, la segunda parte del concierto comenzó con una breve pieza para piano solo de Albéniz (1860 - 1909), el “Tango” de la Suite España. En ella el patrón rítmico característico de este género articulaba toda la pieza con una reposada melodía de color folklórico. Pudimos en esta ocasión escuchar cómo el ritmo (que jugaba a su vez un papel armónico) y la melodía avanzaban estrechamente unidos, con delicados matices dinámicos en los que se hacía amplio uso de los recursos del instrumento.

En esta segunda parte, al tratarse de obras en español, la dificultad para comprender el texto se hizo más tangible sin que fuera óbice para disfrutar de una interpretación admirable. Las dos siguientes composiciones fueron “Nana” y “Paño Moruno” ambas pertenecientes a la colección Siete canciones populares españolas de Manuel de Falla (1876 -1946). El timbre particularmente profundo y lleno de la cantante se adaptaba hábilmente a la belleza melódica de ambas obras, especialmente en el “Paño moruno”, de mayor complejidad, en la que abundaban las ornamentaciones de influencia popular andaluza y el intercambio de material temático con la parte correspondiente al piano, que ejecutó con limpieza y agilidad las rápidas figuraciones y el particular ritmo vivo. La siguiente pieza que se interpretó pertenecía igualmente al compositor gaditano Manuel de Falla: “Tus ojillos negros” aunque era cronológicamente anterior. El acompañamiento y especialmente la línea vocal se observaban más sencillas y en ellas se dejaban entrever la influencia del folklore andaluz. Las subidas cromáticas quedaban desdibujadas y los agudos, en contraste con la dinámica suave de los graves se ejecutaban en un contrastante fortissimo.

La última pieza corrió a cargo de la soprano; se trataba de “No corté más que una rosa”, perteneciente a la zarzuela La del manojo de rosas del compositor Pablo Sorozábal (1897 - 1988), estilísticamente emparentada con las primeras piezas, por su impronta romántica del bel canto italiano, aunque con ligeras inflexiones al modo frigio. La solista interpretó esta romanza con fuerza expresiva y el público correspondió con un gran aplauso, por lo que realizaron un bis, escogiendo el dueto “Cállate corazón” de la zarzuela Luisa Fernanda del compositor Federico Moreno Torroba.

Se trató de un concierto lleno de cautivadoras melodías y fuerza dramática, que los intérpretes realizaron con mesura y dominio escénico, dejando traslucir un gran trabajo personal y de conjunto que logró conmover al público.