Jóvenes talentos

Magnífico concierto el ofrecido, el pasado 24 de abril, en el Crucero Bajo del Hospital Real, por la Orquesta de la Universidad de Granada y el Cuarteto Amici, cuyas componentes pertenecen a la misma.

El cuarteto Amici sería el encargado de abrir, a modo de telonero, y sin, por ello, perder protagonismo, el que sería un deleitoso concierto con la música de Mozart y Beethoven como protagonista. Nada más y nada menos que el Cuarteto para cuerdas nº 4, en do menor, op. 18 de L. V. Beethoven fue el elegido para ser interpretado por estas cuatro jóvenes y talentosas artistas que en todo momento estuvieron atentas e impávidas ante las dificultades que el citado cuarteto presenta. Teniendo en cuenta que es un grupo reducido y que, en estos casos, cualquier alteración o desajuste en la afinación y en la ejecución es fácilmente apreciable, merecen, por ello, un plus de mérito, ya que la defensa de la presente obra fue más que formidable, mostrando siempre una perfecta coordinación y complicidad, dignas de considerar en la música de cámara.

Una vez abierta la “carta” con un muy buen sabor de boca, llegaba el turno de la Orquesta de la Universidad de Granada al completo, con Gabriel Delgado a la batuta. La "Obertura" de La Clemenza di Tito de W. A. Mozart sería la primera pieza a interpretar, pieza donde personalmente destacaría, sin duda, el buen empaste y afinación de los vientos, concretamente de las maderas. La orquesta, en general, fue de valer por la fuerza que desprendía, la acertada diferenciación de contrastes dinámicos y la correcta ejecución, a pesar de los delicados pasajes que se incluían en la obertura. Finalmente, sería la violinista granadina Adriana Zarzuela, la encargada de poner el broche de oro a esta estupenda velada musical, actuando como solista junto a la orquesta y deleitándonos con el Concierto para violín nº 5, en La mayor, K. 219 de W. A. Mozart. La delicadeza, fuerza, decisión y naturalidad con que nos transmitía la música eran merecedoras del desate de aplausos que se generó al finalizar la pieza. Me quedo, sin duda, con la dulzura que nos transmitió en el segundo movimiento, en el que no pude anotar absolutamente nada, pues el embeleso era tal, que sólo podía limitarme a disfrutar de la música y apreciar cómo se reflejaban en los ojos de la solista su disfrute y  buen gusto. La orquesta mostró su saber hacer manteniéndose siempre en la intensidad adecuada para poder hacer relucir a la solista y mostrar sus capacidades expresivas. La interpretación fue realmente fascinante, plagando el concierto de contrastes dinámicos y expresivos muy bien remarcados.

Asistimos, pues, a un concierto donde el talento de los jóvenes dejó el listón bien alto y donde, una vez más, se vio el fruto del buen trabajo que ha elaborado y sigue elaborando la Orquesta de la Universidad de Granada.