Deleite coral para los sentidos

La voz es el instrumento por excelencia, y la noche del 22 de abril tuvimos el placer de oírla, por partida triple, gracias a la Schola Gregoriana Hispana, dirigida por Francisco Javier Lara; el coro de la Universidad Pablo Olavide de Sevilla, dirigido por Jorge Rodríguez Morata; y el coro Manuel de Falla de Granada, dirigido por Purificación Cano Martínez. Cada uno de los coros interpretó repertorio vocal polifónico, principalmente religioso, recogiendo tres visiones distintas de la música: comenzando por piezas compuestas entre los siglos IX y XI, años del inicio de la polifonía; continuando con obras del siglo XVI, entre las que destacan las de Tomás Luis de Victoria, figura tan importante en este período; y finalizando con obras del siglo XX. La elección de las piezas y su breve duración fueron acertadas para un concierto en el que participaban tres coros y se interpretaban veinte piezas, un número alto de obras para casi dos horas.

Este encuentro se realizó en homenaje a María del Carmen Arroyo, directora durante muchos años del Coro Manuel de Falla de la Universidad de Granada y una persona muy querida, como demuestra el hecho de que tantos intérpretes se unieran para la ocasión. Por ello, estoy segura de que la mayoría de los asistentes que llenaron el crucero del Hospital Real eran familiares, amigos, conocidos o profesores que, por supuesto, no podían faltar a un homenaje tan significativo.

En cuanto a los coros, la Schola Gregoriana Hispana fue fundada en 1984 por Francisco Javier Lara, también director del grupo. Su director se especializó en canto gregoriano en la abadía de Saint-Pierre de Solesmes (Francia) y posteriormente llegó a dirigir el Coro de la Abadía de Silos y dar clases de canto gregoriano, llegando incluso a colaborar con Radio Nacional de España. El grupo ha actuado en los principales festivales y encuentros del país como la Semana de Música Religiosa de Cuenca, el Festival Internacional de Música y Danza de Granada, el Festival Internacional de Música Antigua de Úbeda y Baeza, así como festivales internacionales.

El Coro de la Universidad Pablo Olavide de Sevilla (UPO) se creó en 2008 y es dirigido artísticamente por Miguel Rodríguez Rodríguez y musicalmente por Jorge Rodríguez Morata, quien también ha sido director del Coro de Cámara “Polymnia”, la Coral Ciudad de Granada, la Banda Sinfónica de la Cofradía del “Cautivo” de Málaga y actualmente dirige el Coro Canticum Novum. El Coro de la UPO ha ofrecido una gran cantidad de conciertos por toda Andalucía, tanto en solitario como junto a otras formaciones.

Por último, el Coro Manuel de Falla de la Universidad de Granada (UGR) fue fundado en 1973 por Ricardo Rodríguez Palacios y ha sido dirigido desde 1985 por María del Carmen Arroyo, la homenajeada. Sin embargo, su directora aquella noche fue Purificación Cano Martínez, profesora pianista acompañante en el Conservatorio Superior de Música de Granada “Victoria Eugenia” y miembro del Coro de la Orquesta Ciudad de Granada. El Coro Manuel de Falla ha participado en certámenes y encuentros corales, ha girado por Alemania y Francia, ha colaborado con importantes orquestas como la Orquesta Ciudad de Granada, la Sinfónica de Málaga, o la Sinfónica de la Universidad de Koblenz, entre otras, y actualmente colabora con el Festival Internacional de Música y Danza de Granada.

La Schola Gregoriana Hispana está especializada tanto en canto mozárabe y gregoriano como en la interpretación de polifonía primitiva. Aquella noche interpretaron siete obras: un himno, un kyrie, dos motetes, dos responsorios y un aleluya, todas ellas de tipo polifónico, extraídas de manuscritos como el Códice de las Huelgas y el Códice Calixtino, a excepción del responsorio, atribuido al monje, compositor y poeta medieval Notker “Balbulus”. Realmente fue un comienzo magnífico, ya que al ser un concierto de polifonía vocal lo más acertado era comenzar por las primeras polifonías para así posteriormente observar la evolución musical en los otros coros, combinando así antigüedad y modernidad. A decir verdad, este tipo de composiciones no me apasionan, pero si hay por delante buenos intérpretes, todo puede cambiar. Las voces se complementaban muy bien, aunque he de decir que, a diferencia del concierto que dieron en la Iglesia Sagrado Corazón de Granada, se oyeron menos los agudos, supongo que debido a la acústica del lugar. Además de la calidad con la que ejecutaron las piezas, nada más comenzar hicieron una bonita entrada a medida que cantaban, por los laterales del crucero, hasta unirse todos en el centro donde está el escenario. Se trata de detalles que llaman la atención al público y que hacen diferente el comienzo, que siempre es importante.

Seguidamente, tomó el protagonismo el Coro de la UPO, cuyo repertorio habitual va desde la época medieval hasta el siglo XX. Esta formación interpretó seis piezas. En primer lugar, siguiendo la lógica cronológica del concierto, se interpretaron tres piezas sacras del S. XVI. Dos de ellas, un canto antifonal y un responsorio, de uno de los compositores más importantes del renacimiento Español, Tomás Luis de Victoria, la otra de ellas se trataba de un madrigal, una de las formas musicales más importantes de ese siglo. Aunque estamos acostumbrados a que las piezas interpretadas sean de compositores españoles, alemanes, italianos y franceses, en este concierto llamó la atención el hecho de que el madrigal fuera del inglés John Dowland. El madrigal fue muy apreciado, no sólo en Italia, sino también en Inglaterra, y el público también supo apreciarlo en cada una de sus notas, su sonoridad, su ritmo y en las emociones que intentaba expresar en base al texto. Deberían interpretarse más obras como esta, poco popularizadas, para que lleguen al público y éste tenga la oportunidad de disfrutar y ampliar su conocimiento a la música de otros países. Durante la interpretación se pudo notar compenetración y conocimiento completo de lo que se hacía, ya que era evidente la complejidad y perfección que requiere la polifonía renacentista. A continuación, el concierto dio un giro hacia lo contemporáneo con tres obras del siglo XX: una española, una finlandesa y otra americana. En ellas se pudieron apreciar melodías más voluptuosas, con claros matices y crescendos, que dejaban constancia de la evolución de la escritura coral en los últimos siglos. 

Tras terminar este coro, apareció un coro de niñas de manera inesperada, puesto que no aparecía en el programa de mano. Todo el público, que permanecía espectante, pudo disfrutar de una canción cuya letra proviene de un poema de García Lorca, figura tan importante aquí en Granada; y de una canción sefardí caracterizada por tesituras agudas y continuas ornamentaciones, ambos rasgos muy relevantes de este tipo de música.

Por último, el Coro Manuel de Falla de la UGR nos deleitó con siete obras breves que forman parte de un repertorio muy diverso que abarca desde la música antigua hasta la contemporánea. En esta ocasión, siguen la línea del estilo polifónico anterior, destacando dos compositores españoles: Tomás Luis de Victoria, con su composición Ave María, una de las composiciones sacras más importantes del siglo XVI; y el contemporáneo Juan Alfonso García del que interpretaron tres piezas, una de ellas No llores niño mío, muy similar a una nana.

Este encuentro concluyó con las palabras de la presidenta del Coro Manuel de Falla hacia María del Carmen Arroyo, los posteriores agradecimientos de la homenajeada y el fantástico toque final que llevaron a cabo los tres coros con Gaudeamus igitur, el himno universitario que los unió a todos en el escenario e hizo de éste un emocionante final que mantuvo en pie al público.