Monodia y polifonía medieval en honor a la Virgen

El pasado 5 de marzo la agrupación Schola Gregoriana Hispana nos ofreció un apasionante concierto a través de variados géneros de la liturgia medieval. El aforo se completó en su práctica totalidad con un público heterogéneo, desde niños y jóvenes hasta ancianos asiduos a la parroquia. La gran concurrencia se vio motivada evidentemente por la entrada gratuita, común a todos los conciertos organizados por la “Cátedra Manuel de Falla”, pero también por el atractivo que implica escuchar canto gregoriano en su propio contexto: una iglesia de reducidas dimensiones. Se trataba de la parroquia situada en la plaza de Gracia de Granada cuyo acceso se limitaba a una entrada principal, con dos pequeñas puertas. La duración del concierto fue de aproximadamente una hora y comenzó puntualmente con una entrada sorprendente e inesperada por parte de los intérpretes, que comenzaron cantando de espaldas al público y desfilando entre los asientos hasta llegar al altar, donde se situaron en semicírculo. Con ello posiblemente se pretendía imitar la ceremonia en la que estos cantos suelen tener lugar, y por tanto contextualizarnos aún más, pero también se permitió con ello comprobar la materialidad de la música, debido a los cambios de acústica de las diferentes estructuras del edificio. Desde el comienzo del concierto, la sucesión de las piezas fue ininterrumpida hasta la conclusión del mismo. Como la acogida del público fue muy favorable se decidió interpretar una obra más.

Como hemos señalado la agrupación a cargo del concierto se denomina “Schola Gregoriana Hispana”, fue fundada en 1984 por Francisco Javier Lara, quien la dirige desde entonces. Especializados en la interpretación de monodia religiosa y primera polifonía medieval, su repertorio está compuesto fundamentalmente por canto mozárabe y gregoriano con el que han realizado una importante labor de difusión a través de centenares de conciertos por toda la geografía nacional.

En este concierto las piezas interpretadas preservan los rasgos de este repertorio, especialmente en lo que a la acertada combinación de monodia y polifonía se refiere. A continuación señalaremos las principales características, impresiones y peculiaridades interpretativas de cada una de las obras. La primera de ellas, denominada Salve Mater misericordiae, era un antiguo himno carmelita en modo V, con un estribillo con el mismo título que el himno. El estilo de éste era antifonal, por el intercambio de dos grupos del coro que cantaban alternativamente versículos de los salmos. En esta obra se observa una cuidadosa atención a las gradaciones dinámicas.

Ave mundi spes Maria, la segunda de ellas, es una secuencia en los modos VII y VIII, también antifonal. Destacó en su interpretación los finales de frase, especialmente en lo que respecta a las cadencias, que se encontraban bien marcados. De esta manera, la nota final o tónica que da nombre al modo, aparecía bien señalada permitiendo la fácil percepción del fraseo melódico y la sonoridad modal.

La tercera pieza fue un motete polifónico extraído del Códice de las Huelgas, constando de tres voces cada una de las cuales interpretaba un texto y melodía diferentes. Éstas se designan por el comienzo del texto del canto: Salve porta /Salve Salus/Salve sancta parens. Se trató en esta ocasión de una obra polifónica más melismástica que la anterior, sin perder no obstante el atractivo de la curva melódica. Es preciso remarcar la claridad cristalina de cada una de las líneas vocales, que a pesar de encontrarse en un ámbito muy próximo, se percibían individualmente, gracias a la mesura y trabajo de cada uno de los intérpretes, que aunaban sus voces a la manera de un solo cantor.

Tras una breve pausa, la siguiente pieza que pudimos escuchar fue Ave Maria … virgo serena, una secuencia en modo VI en la que se exploraba particularmente el registro medio. Era, en comparación con las anteriores, una obra más neumática y en este caso responsorial. El texto se encontraba pulcramente tratado en su expresividad y comprensión. En cuanto a los solistas, tres en concreto, lograban una fusión de sus timbres denotando un gran trabajo de escucha y conocimiento del canto. La acústica de la iglesia permitía una exquisita expansión de los graves, creando una magnífica atmósfera sonora que lograba transportarte a otros tiempos. La secuencia concluyó con un “amen” melismático interpretado por el conjunto de la schola.

Alternando canto llano y polifonía la siguiente pieza fue un motete a dos voces denominado Ave Maria, fons letitiae/Latus (como se ha explicado anteriormente cada título designa el comienzo del texto en ambas voces). En este caso esta pieza había sido extraída del Códice de Madrid. Presentaba una entidad propia, contrastante con el motete anterior: en este caso la polifonía se construía sobre frases breves con medición ternaria en la voz aguda mientras que la voz grave realizaba notas graves a modo de bordones, definiendo una suerte de melodía acompañada. El fraseo melódico y rítmico aparecía de nuevo delimitado y marcado con cuidada atención.

Hac clara die era una secuencia en los modos IV y VIII de la cual conocemos excepcionalmente a su autor, puesto que suele ser atribuida a Notker (ca. 840 - 912) monje de San Galo. Se trataba de una secuencia responsorial, en la que el coro quedó dividido en dos grupos. Las melodías de esta obra se erigían hacia agudos brillantes, presentando un carácter vivo y dinámico, aunque dejando reposar sus finales en valores más alargados.

La antífona Paradisi portae y el salmo Eructavit cor meum en el tono IV fueron la siguientes piezas. Destaca especialmente en la antífona la suavidad de la línea melódica que describía un arco gradual desde las notas más graves para culminar y volver de nuevo al punto de partida. Ejecutadas ambas por el conjunto del coro y con especial energía, quizás lo que más sorprendió en ella fue la postura final de los interpretes, ligeramente inclinados hacia delante; ello se debe a la doxología, fórmula de plegaria dada a Dios, a la Santísima Trinidad o a los santos. La doxología breve (Gloria patri... ) es cantada al final de los salmos.

La siguiente pieza denominada Verbum Patris hodie se trató de un tropo de Benedicamus. “Benedicamus Domino“(expresión en latin que significa «Bendigamos al Señor») es un saludo final utilizado en la misa romana, en vez de “Ite missa est”, que se da en las ocasiones en las que no se canta el Gloria. Este texto ha sido especialmente tropado, como ocurre en esta ocasión, tratándose en esta ocasión de un tropo a 2 voces tomado del Códice de las Huelgas. El material poseía en esta pieza una particular entidad, sin que la polifonía impidiera la comprensión del texto, medido en figuración ternaria. El registro más agudo fue alcanzado con brillantez y concluyó con la palabra “Gracias” pronunciada según la fonética castellana.

La siguiente obra, Virgo Dei genitrix, un himno en modo II, comenzó con la intervención de los solistas a los que seguía el conjunto de la schola tras finalizar la primera sección melódica, tratándose por lo tanto de un canto antifonal. Esta pieza presentaba un carácter más oscuro, probablemente debido al registro más grave y la interválica más acentuada. Predominaba en ella el estilo neumático, aunque concluyera con un melismático “amen”.

La secuencia Mittit ad Virginem de Pedro de Abelardo (ca. s. XII), en modo VI, alternaba un diálogo entre solistas y el coro en su conjunto. Destaca en ésta el hecho de que a pesar de tratarse de canto gregoriano no se rigiese por el ritmo libre del texto, sino que fuese un canto mensurado. Si a este rasgo unimos la concisión melódica y el ritmo vivo el resultado es una pieza muy amena y quizás de carácter popular. No debemos olvidar que las secuencias surgieron de la adición de un texto al melisma final del alleluia, gozando de gran popularidad particularmente en la baja Edad Media.

Prosiguiendo con la alternancia entre monodia y polifonía, Benedicta et venerabilis se trataba de una gradual a 2 voces procedente del Códice de Las Huelgas en el que encontramos secciones melódicas en canto gregoriano en estilo neumático. Es una de las piezas que más invitaba a una escucha atenta, especialmente por el énfasis en determinadas vocales; por la polifonía que alcanzaba agudos nítidos, las largas frases mensuradas en un registro y el final, que retomaba la monodia en una contrastada tesitura más grave.

En la siguiente obra Dei Matris cantibus, una prosa en modo I, también se exploraba la alternancia solistas – coro, variando el grupo de solistas en función del registro. Resulta especialmente interesante la interpretación de la curva melódica, suavemente tratada en lo que a dinámica y acentuación se refiere, a pesar de la cambiante interválica (en ocasiones llegaba hasta una 5a) y comenzar en un registro grave. El fraseo melódico resultaba especialmente perceptible, concretamente por la repetición del texto “ gloriosa domina” .

En el alleluia Salve Virgo nos encontrábamos con otra obra polifónica a 2 voces, tomada del Códice de las Huelgas. Concretamente un conductus, por su estructura rítmica uniforme y homorrítmica con largos melismas en la primera y última silaba de cada verso (lo que se denomina caudae), también mensurados.

A continuación, pudimos escuchar una antífona, alleluia, cuyo melisma se interpretó intercalándose con el cántico del Magnificat, ambos en tono IV, funcionando el primero como una especie de estribillo que interpretaba la schola al completo, mientras que el magnificat lo realizaban los solistas. Es preciso remarcar la mayor complejidad melódica de la sección interpretada por los solistas, y su nítida ejecución por los cantores.

La penúltima obra interpretada fue otra secuencia de Notker, Ecce pulchra, en modo VII. Nos encontramos de nuevo con una melodía pegadiza, fácilmente reconocible posiblemente por su concisión y los finales de frase, que presentaban similares cadencias. La melodía se movía por grados conjuntos predominantemente y un registro medio y agudo.

Para concluir tuvimos la ocasión de presenciar una espectacular interpretación del motete a 3 voces Salve virgo/Ave gloriosa/Domino extraído del Códice de las Huelgas. En esta pieza encontrábamos dos voces más graves junto a una sensiblemente más aguda, y a pesar de constar de un texto diferente, la independencia de las líneas era perfectamente audible, logrando una sonoridad de conjunto compacta y uniforme.

Tras esta última pieza la respuesta del público fue tan positiva que se interpretó una obra adicional: no se trataba de un bis, sino de una obra tomada de otro repertorio cronológicamente posterior, dada la conducción de las voces y la rítmica. Se caracterizaba principalmente por la atención concedida a la dinámica, con marcados contrastes entre piano y forte así como un clímax recalcado por la llegada a un pasaje con acordes predominantemente agudos.

En definitiva se trató de un concierto de gran calidad artística, ameno y agradable, propiciado en cierta medida por la peculiar sonoridad del lugar, aunque si algo resultaba disonante era quizás la iluminación excesiva. Salvo este detalle, son múltiples los elementos que confluyeron para dar lugar a un concierto de alto nivel, donde incluso la disposición de la agrupación se encontraba estudiada, como hemos señalado, en semicírculo en el cual de derecha a izquierda se encontraban las voces más agudas y las voces más graves, y en el centro el director. Sin querer con ello decir que éste sobresaliese, pues únicamente realizaba breves gestos para marcar las entradas e indicar la ejecución de fraseos, respiraciones y otras posibles pautas. Así, la interacción entre los cantantes era leve, denotando con ello la escucha mutua del canto así como el trabajo, conocimiento e interiorización del repertorio. La Schola Greogriana Hispana consiguió evidenciar una especial concepción de la música vocal que quizás hoy en día, en estéticas musicales posteriores se ha perdido: el hecho de la fraternidad, que implica la escucha, la concordia y en definitiva la equidad de cada uno de los intérpretes para lograr la fusión de sus voces con una intención subyacente: la armonía en un sentido ambivalente, espiritual y musical. Todo ello se tradujo en una percepción del texto y líneas vocales con asombrosa nitidez.

 

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar