Música clásica "en buenas manos"


El Dúo Salzburgo llevó a cabo un concierto de “música clásica”. Con este término me refiero de forma generalizada a la clase de música que se interpretó y que hace que lo quiera denominar así. Pero concretemos más, dentro de la música clásica se encuentra, entre otras, la música de cámara, es decir, la generalmente interpretada por un grupo reducido instrumental y la que aquella noche tuvo lugar con el cello y el piano como protagonistas.

Interpretaron tres sonatas compuestas por tres de los más celebres compositores de la historia de la música, Beethoven, J.S. Bach y Brahms. Si a estos autores y a su buena música le añadimos unos buenos intérpretes salzburgueses como lo son Yvonne Timoianu y Alexander Preda, lo tenemos casi todo para poder hablar de un buen concierto. Nos falta el público que asistió, en su mayoría de unos 50 años para arriba, que son los que suelen asistir a este tipo de conciertos. A su vez, el lugar donde se realizó fue acorde a cada una de sus características: la Iglesia del Sagrado Corazón, un sitio perfecto y precioso para poder disfrutar de este concierto durante una hora, una duración totalmente adecuada para un concierto como este que supo mantener la atención del público y con el que se conmemoró así el  XXX Aniversario en España de este conjunto de cámara.

El Dúo Salzburgo se formó hace 30 años, por lo que cuenta con gran experiencia, éxito y una actividad artística mundialmente reconocida, representando lo mejor de la tradición musical de Salzburgo. Han actuado en relevantes festivales como "Pablo Casals" de Vendrell, Festival van Vlaanderen y Festival de Wallonie (Bélgica); Klangbogen Musikfestival Viena y Gmundener Festwochen (Austria), Festival Internacional de Guadalajara (México), entre otros. La cellista Yvonne Timoianu estudió en la Universidad Mozarteum de Salzburgo. Ha sido galardonada con el Primer premio en el Concurso Internacional de Violoncello “Luis Sigall” (Viña del Mar, 1986), el Primer premio con Medalla de Oro en el Concurso Internacional de Cuerdas de la UNISA (University of South África, Pretoria, 1988), entre otros. El pianista Alexander Preda comenzó su carrera en 1970 y posteriormente realizó cursos de perfeccionamiento e inició su actividad profesional dando conciertos por toda Europa, América Latina y Sudáfrica. Podemos destacar el premio “J.S.Bach” (Leipzig, 1976), y la Medalla de bronce de la International Piano Master Competition “Arthur Rubinstein” (Jerusalén, 1977). El conjunto de cámara dispone de un amplio repertorio en el que destacan principalmente las obras de Bach, Beethoven y Brahms para cello y piano, tres de las cuales fueron las interpretadas en este concierto, aunque también cuentan con obras de Heitor Villa-Lobos, George Onslow, Erwin Schulhoff, entre otros.

Esa noche escuchamos tres sonatas para cello y piano que nos mostraron la evolución de la música del Barroco al Romanticismo, lo que nos permite diferenciar el significado de sonata dependiendo de la época. Comenzando por el Barroco, la Sonata en Re Mayor para violoncello y piano de Bach que oímos se caracterizó por destacar el cello durante su ejecución. Esta sonata está dividida en cuatro movimientos (lento-rápido-lento-rápido), de los cuales el último, un fugado que por su juego de pregunta-respuesta, fue el que mostró mejor el estilo compositivo de Bach así como el contrapunto tan característico de sus sonatas.

Pasando al periodo clásico, oímos la Sonata nº4 en Do Mayor para violoncello y piano, op. 102 de Beethoven, el último gran representante del clasicismo vienés. Aunque fueron sus sinfonías las que le dieron principalmente la popularidad, sus obras para piano y música de cámara fueron también muy significativas. Es en esta época hay un predominio de la sonata y la “forma sonata” (exposición, desarrollo, reexposición), establecida ya con Haydn y Mozart. Sin embargo, esta obra pertenece al último periodo compositivo de Beethoven, un periodo complicado para él, lo que hace que su estilo compositivo sea de gran complejidad e innovación con respecto a lo ya establecido. Y esto se aprecia de forma clara en la estructura en dos movimientos de esta sonata.

La última obra que se interpretó se sitúa en pleno Romanticismo. Aunque el estilo compositivo de Brahms evoluciona hacia el Postromanticismo, continúa con la tradición clásica como pudimos percibir en la Sonata nº 2 en Fa Mayor, op. 99 para violoncello y piano de cuatro movimientos, apareciendo el primero en forma sonata, tan usual en el Clasicismo. Por tanto, cada una de las obras de estos tres destacados compositores, incluyendo estas tres sonatas, son auténticas obras maestras, porque ¿quién no conoce los Conciertos de Brandenburgo de Bach o la Quinta Sinfonía de Beethoven? Y ¿qué me dices de la Danza Húngara Nº 5 de Brahms? Aunque no todos las conozcáis seguro que al menos os suena el nombre, y es que son totales referentes de la música que siempre va a tener a cierto público interesado.

Una vez que sabemos que hubo una selección de música adecuada, he de decir que la interpretación no fue menos, es lo que tiene contar con buenos intérpretes y además buenos comunicadores porque también comentaron entre obra y obra lo que se iba a interpretar (aunque si estabas al final de la iglesia te enterabas de bien poco). En cada una de las obras se pudo escuchar la complementación entre piano y cello, participando ambos en el desarrollo de la melodía, sin sobresalir uno por encima del otro a excepción de aquellos movimientos en los que debía resaltar el cello sobre el piano, todo ello digno de un conjunto que lleva trabajando 30 años y que además conoce “al dedillo” cada una de las piezas, cada movimiento y sus elementos más destacados. Especialmente disfruté como la que más el segundo movimiento de la obra de Brahms, “Adagio affettuoso”, por sus claros contrastes y el uso que hacían del pizzicato dándole un carácter affettuoso, cariñoso.

Esta música y su interpretación, fue respondida con el respeto total del público asistente en el que aprecié su disfrute en cada exhaustivo aplauso que daba entre obra y obra y su mirada fija, aunque también es probable que hicieran una escucha intermitente ya que, en su mayoría, no conocerían las obras ni los intérpretes en su totalidad y siempre hay quien llega a un punto del concierto en el que empieza a pensar en cosas personales, se evade y luego conecta otra vez con la música, eso nos ha pasado a todos alguna vez y hoy en día es el mayor porcentaje de personas que van a conciertos de música clásica. También eché de menos una mayor presencia de jóvenes, algo debe estar haciéndose mal por parte de las personas relacionadas con la cultura cuando no somos capaces de atraer a la juventud a este tipo de actos. Dejando esto a un lado, otra de las cosas en las que me fijé fue en la vestimenta de la gente, sí, todos abrigados a más no poder dentro de la iglesia, y es que el frío fue lo que hizo que la estancia allí fuera un poco “dura” y más aún cuando vienes de la calle, en plena noche del mes de febrero, cuando lo que más te apetece es entrar en calor.

Aún así, para finalizar y haciendo mención al título de esta crítica puedo decir que fue un concierto que estuvo “en buenas manos”, tanto por los grandes compositores de las obras y su música como por sus intérpretes, con tablas y buenos comunicadores, además de un público que facilitó el trabajo al conjunto, respetó y disfrutó escuchando. Esto es todo lo que se necesita para un buen concierto y yo lo califico como tal.

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