La guitarra del Andrés Segovia vuelve al Falla

Como cada año, vuelve a Granada el concierto del certamen Internacional de Guitarra Clásica Andrés Segovia de La Herradura, una cita clave para los intérpretes que buscan labrarse un camino en el mundo de la guitarra. Tras obtener el primer premio del certamen, la joven guitarrista Elena Fomenko dejó volar sus dedos sobre las seis cuerdas en el Auditorio Manuel de Falla.

La Orquesta de la UGR, bajo la dirección de Gabriel Delgado, fue la encargada de arropar a la solista, con un programa poco habitual. En primer lugar, las Tres Postales Iluminadas de Montsalvatge hicieron mecerse al público en sus asientos, y desde las primeras notas ascendentes de la "Postal de Provenza" hasta llegar a las melodías líricas en la cuerda, de carácter melancólico, y los pizzicatti, la música fluyó naturalmente. Lo meloso y sensual, las melodías largas de la "Postal de La Habana" siguieron rápido para guiarnos hasta la "Postal de  Nueva York", evocando sus largas calles y su gentío. Quizás por la complejidad rítmica o la rapidez frenética final, hubo pequeños fallos en la última sección,  en la que se entrecortaron las líneas de las cuerdas y se oscureció la armonía. 

El Concierto de La Herradura para Guitarra y Orquesta de Morales Caso cubrió el anhelo de los seguidores de las obras para guitarra que asistieron al evento. El "Allegro brillante" nos recordó sonoridades próximas al Alhambrismo musical, por medio de las rápidas figuraciones de los arabescos y las melodías intermedias a modo de susurro. La interpretación tuvo pequeños fallos, a diferencia de lo ocurrido en el concierto del Concurso de La Herradura, que fue mucho más acertado. Quizá el trasiego provocado por la agitación del concurso, el desplazamiento a la capital y el hecho de repetir varias veces el mismo programa, hizo a los intérpretes dispersarse. Pero en el segundo movimiento, "Larguetto malinconico", supo transmitir las dinámicas, contestar a las constantes preguntas de la orquesta, y  subrayar la expresión del maestro Morales.  Pero "Vivo con fuoco", fue donde más enérgica  y centrada se vio a Elena Fomenko. El motivo recurrente de la guitarra aparecía  constantemente y, junto a la agresividad de la orquesta, la solista supo estar a la altura de las expectativas, recibiendo la ovación de los presentes.

Finalmente, la segunda parte del concierto mostraba un corte más “clásico”. Precisamente fue con la obra de Juan Crisóstomo de Arriaga, Sinfonía en re menor, dónde se observaron mayores desajustes de afinación.

Que el premio Andrés Segovia continue siendo una referencia internacional, punto de encuentro de cientos de guitarristas desde 1985, es un orgullo para la cultura española y para Andalucía

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