Rock de altura para todos los públicos

El pasado 3 de Octubre de 2014, a las 22.30 h, tuve el placer de asistir al concierto de Extremoduro, grupo mítico de rock del panorama nacional, liderado por “Robe” Iniesta. El lugar elegido  para el evento fue el “Polideportivo Almanjáyar”, situado en la zona norte de la ciudad de Granada, en concreto en la calle Pedro Machuca (Carretera de Pulianas) lugar que tuvo que adaptarse para cubrir las exigencias del grupo en relación a la seguridad y el acceso al recinto. El concierto está dentro de la gira “Contra todos los públicos” que el grupo ha realizado por toda la geografía española, incluyendo las Islas Canarias y Baleares, con un total de 39 conciertos, y ampliando la misma a Latinoamérica, donde van a actuar en cinco países diferentes. El aforo del recinto se llenó con algo mas de 9000 asistentes, público de todas las edades.

Extremoduro, es un grupo de rock fundado en Plasencia por Roberto Iniesta, cantante, compositor y guitarrista, en 1987, y que tras una larga trayectoria, con las idas y venidas de diferentes músicos, actualmente está formado por Iñaki “Uoho” Antón (guitarra solista, corista, desde 1996-presente) Miguel Colino (Bajo, desde 2001-presente) y José Ignacio Cantera (Batería, 1997-presente). Grupo que definió a su estilo como rock transgresivo, basado en un rock agresivo y sucio, con letras que tratan de temas terrenales y marginales como las drogas, el sexo o esa particular forma de escribirle al amor. Señalar que para las giras, Extremoduro cuenta con la ayuda de dos fenomenales músicos,

Con media hora de retraso comenzó la bajada del contenedor (estructura metálica que se usa para traer mercancía en los barcos comerciales) que daba inicio al concierto. El escenario era de unas dimensiones extensas, propio de grupos internacionales como pueden ser The Rolling Stones o AC/DC, ambientado en lo que son los actuales lugares de carga de los muelles, con los módulos metálicos apilados y dos pantallas gigantes a los lados para que el público situado al fondo, pudiera disfrutar visualmente del concierto. La duración del concierto fue de casi tres horas, con un intermedio de unos 25 minutos, que hizo que el público se apagase. Presentaron un repertorio basado básicamente en sus últimos discos, que precisamente son los que más se alejan a ese estilo transgresivo con el que se definen, y que curiosamente coinciden con el salto musical y de calidad de sonido que la banda dio cuando Iñaki “Uoho” cogió las riendas en lo que a composición musical y grabación se refiere. También tuvimos la suerte los asistentes, de disfrutar de un tema inédito con el que el grupo obsequió a los asistentes.

El concierto en general, se puede calificar con una alta nota, aunque hay que matizar algunos puntos. El primero es el tempo de las canciones que sin duda era mas lento que las canciones del disco, lo que provocaba que las canciones mas rápidas no terminasen de explotar, como si le faltase chispa, un extra que tu propio cuerpo pedía para llegar al clímax de la canción. El segundo punto que me gustaría abordar fue la iluminación. En el recinto se apagaron las luces, como en todo buen concierto, para centrar la vista en el escenario, pero este no terminaba de verse con claridad, estaba muy oscuro, y pese a que varias partes del concierto me las pasé en primeras filas, me costaba trabajo ver la cara del resto de músicos. El tercer punto es el sonido. Los músicos a nivel individual, disponen de unos muy buenos instrumentos, con los que consiguen sacar un muy buen sonido, pero que a la hora de la mezcla no terminó de escucharse bien. Dependiendo del sitio en el que estuvieras, se escuchaba poco la voz, la guitarra solista no se oía, la batería te retumbaba en el pecho con el uso del doble bombo o la guitarra rítmica estaba por las nubes. Al término del concierto tuve la oportunidad de hablar con el técnico de sonido, Íñigo Etxeberría, y me comentó que habían tenido multitud de problemas con el equipo, debido a la inestabilidad sonora provocada posiblemente por las subidas y bajadas de luz, que hicieron que algunos aparatos no funcionaran correctamente.

Como detalles y curiosidades del concierto, queda decir que al cantante se le olvidó la letra en un par de ocasiones, y que pudimos ver a un "Robe" demasiado simpático con el público, ya que, como bien es sabido entre sus seguidores, no es una persona que le gusta hablar mucho entre canción y canción e incluso despedir un concierto.

Por último, como fan incondicional de la banda desde que tengo 12 años, me quedé con las ganas de escuchar algunas canciones que no se tocaron y que han marcado una época en mi vida, como fueron "A Fuego" o "Necesito droga y amor", donde reside sin duda esa garra, esa agresividad que tanto caracteriza a Extremoduro. Una experiencia que recomiendo a cualquier persona que le guste la música, ya que es un espectáculo para todos los públicos.

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