Amandla, fuerza

Fuerza, poder, gritos de guerra... ¡Amandla! Como si de una tribu zulú se tratase, los integrantes que dan cuerpo a este conjunto de "afrojazz-flamenco", que toma el nombre de las entrañas de la resistencia sudafricana, abrieron el pasado 6 de Noviembre la XXII edición del Universijazz, ciclo paralelo al Festival Internacional de Jazz de Granada.

Los aficionados a la escena Jazz granadina seguro que no quedaron extrañados al ver en el escenario a alguno de los integrantes de Amandla: el sudafricano Tony Connolly (saxos y flauta); el granadino Jesús Hernández (teclados), el argentino Manuel Sáez (bajo),el senegalés Ababacar El Sadikh Kamara (batería), y el también granadino Sergio "El Colorao” (cante). Organizaba el maestro Luis Poyatos.

Amandla despliega todo un abanico de esencias de diversa procedencia sobre el escenario. Las sonoridades funky de las líneas de bajo, lo estruendoso-rítmico de la percusión africana, el soporte armónico del flamenco-jazz a las teclas, el fraseo a los vientos, y el cante de la ciudad de azulejos de Fajalauza.

Comenzaron con un tema propio, El cuco, para seguir con una bulería. El Round Midnight de Thelenious Monk con una introducción de piano fue versionada por tangos, y dejó a más de uno impresionado por la capacidad de adaptación que demostraba la banda. También interpretaron un arreglo del conocido I mean you de Coleman Hawkins, con una letra cargada de ironía y un bajo funky muy marcado. Alegrías, un blues y un tema funky con ritmos de bossa y africanos le siguieron en el repertorio. Llegando al final del concierto pudimos escuchar la parte más flamenca y sentida, lo que parecía una malagueña con una letra propia de guajira.

Lamentablemente, durante el directo, el cantante anduvo un poco perdido. La ecualización no fue la más acertada y la voz se escuchaba un poco por detrás de los instrumentos. Esto provocó que, para los más puristas, como se escuchó entre algunos de los presentes, la rítmica interna de los palos flamencos se perdía, como en el caso de las alegrías. A esto se sumaba la batería, excesivamente ruidosa, por momentos sobrecargada (lo que no quitaba que la técnica de Ababacar fuera muy limpia). Aun así, los vientos merecen una mención especial por su claridad, sus subidas al agudo y su expresión.

Lo cierto es que fue una demostración de garra y fluidez, de conexión y técnica, de calma y agitación. No sabemos que nos deparan las próximas jornadas de Universijazz, pero hoy la Cátedra Manuel de Falla ha dejado claro que el jazz vuelve a sonar con más fuerza que nunca en su seno.

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