Juan Alfonso García, un mago de la voz | In memoriam (1935-2015)

Desde estas líneas, Gruñidos quiere rendir un homenaje sincero a uno de los mejores compositores españoles y a uno de los más grandes magos de la voz. Su sencillez personal, su naturalidad y su mirada calma y profunda ha sabido plasmarla de una manera extraordinaria en toda su música. Pero yo quisiera destacar aquí un aspecto muy concreto: su magia con la voz, con el cantor, con el coro. Pocos compositores han sabido tratar como Juan Alfonso la voz. Sus obras son una delicia para el que canta en un coro. Sabe ganarse a todo el que se acerca a sus obras corales. Su delicadeza personal se trasluce en su música vocal. Juan Alfonso sabe mimar como nadie la voz; sabe entusiasmar al cantor; sabe transmitirle su sencillez, su bondad, su generosidad; sabe enganchar, atrapar a todo el que interpreta sus obras. Todos los coros deben reconocer a este músico como su amigo, como su maestro, como su guía.

Juan Alfonso nos ha dejado tristes con su ausencia pero nos ha dejado una fuente de felicidad de la que podremos disfrutar siempre que queramos. Sus obras son un remanso y un estímulo; unas aguas tranquilas y a la vez unas olas que nos despiertan; una luz tenue y un foco que ilumina el camino; una paz interior y un soplo apaciguador. En este mundo de estrés en el que nos movemos, la obra de Juan Alfonso, especialmente su obra coral, nos conduce, nos lleva y nos mantiene en la paz, en la calma, en el relax. Como buen conocedor de nuestro mejor instrumento que es la voz, nunca la “maltrata”, nunca la “estresa” con experimentos sonoros o con intervalos sin rumbo. Su fraseo es una delicia para el cantor. Sabe buscar el mejor camino para que la voz se mueva a sus anchas, libre  pero encauzada, para que pueda expresar todo lo que nos susurra el texto.  

Juan Alfonso ha sabido seleccionar para sus obras todo tipo de textos: populares, poéticos, filosóficos, místicos, religiosos, litúrgicos … todos aquellos que puedan expresar mejor la riqueza interior del compositor, su libertad, su cultura, su formación, su apertura a todo lo que puede enriquecer al ser humano… Sabe tratar el texto, interpretarlo a través de la melodía. Una melodía sencilla y a la vez profunda; ligera y a la vez relajada; viva y a la vez serena; libre y a la vez controlada. 

Juan Alfonso tiene la virtud de conducir siempre al cantor a un punto en el que éste disfruta, en el que se entusiasma, en el que, por mucho que le pida, siempre estará dispuesto a dar más. Con pocas músicas como la de Juan Alfonso el cantor, el coro y el director disfrutará tanto sin cansarse. Una música que enseguida se ganará al público, que le encandilará y seguirá sin pestañear hasta el final y sin miedo a perderse en un camino sin rumbo.

El mismo compositor se expresaba así hablando de su trayectoria: “He tenido suerte, creo yo, de tener una profesión tan bonita, que satisface la vida, no deja momentos sin aliciente”. Efectivamente, cuando uno tiene paz interior es capaz de disfrutar con las cosas más sencillas, de ver las cosas con un espíritu positivo, de transmitir a los demás su sentimiento sin aspavientos, como Juan Alfonso. Es capaz de dar todo lo que tiene en su interior para enriquecer y hacer disfrutar a los demás con ese gran arte que es la música. Juan Alfonso es un artista de la música.

Descanse en paz y que nosotros seamos capaces de disfrutar, con la misma sencillez que él, de todo lo que nos ha transmitido con su música.