Desmontando a Íker Jiménez

Fernando: Hola íker, muchísimas gracias por atendernos. Durante los últimos años te has erigido como uno de los comunicadores más importantes de nuestro país. A lo largo de tu dilatada carrera al frente de Cuarto mileno y Milenio tres no has parado de progresar, ganar adeptos y reputación. ¿Cuál es el secreto?

Íker: Amar lo que uno hace, amarlo de verdad; no perder la capacidad de asombro ante la maravilla del fenómeno de la vida; no matar el alma del niño que uno lleva dentro, ese niño que mira el mundo lleno de entusiasmo, sabiendo que casi todo es un enorme misterio.

 

F: Música y sucesos paranormales. ¿Encuentras alguna relación? 

Í: La música es uno de los más sutiles misterios, un arte que cambia el alma, que transforma, que transfigura. No conozco casi nada tan enigmático como la música.

 

F: Nos encanta que haya referencias a la música en tu programa, por ejemplo el cierre que hiciste al final de la pasada temporada sobre Mozart ¿es importante la música en Cuarto Milenio? ¿Y para Íker Jiménez?

Í: Es vital. Ahora mismo te escribo con Carmina Burana de Orff. Cada viaje, cada reflexión, cada lectura, cada hora de trabajo siempre con música y desde siempre, en los programas y en mi día a día. Estoy hiperconectado a la música. La música me hace vivir y maravillarme, nada es igual con música.

 

F: ¿Tienes músicas del alma? (las que nos acompañan siempre en la vida) ¿Cuáles son?

Í: Tengo músicas sagradas, claro. Yulunga o Música Eternal, de Dead Can Dance; El Canto de la Sibila, de Jordi Savall o Lisa Gerrard; Oxigene y Equinoxe,  de Jarre; Shine Your Crazy Diamond, de Pink Floyd, Loreena Mckkenitt y su Prologue; Standing in Motion de Yanni;  casi todo Vangelis, Mozart, Bach, Zimmer, Neuronium, Neonymus, Kraftwerk, Alan Parsons, Gwendal, Oldfield… y tantos otros. Te doy un dato. En el archivo de Milenio3 había 3.000 canciones que considero sagradas, elegidas una a una personalmente y que me acompañan siempre.

 

F: ¿Hay música espiritual? 

Í: Casi toda la buena, da igual  época o estilo, es una manifestación del hondo espíritu del ser humano. Conozco pocas plasmaciones del alma tan gráficas y profundas como la música.

 

F: Más allá de la vida, ¿habrá música?

Í: Seguro, una muy hermosa e inefable.

 

F: Pon música a cada una de las siguientes situaciones: 1. Un día de lluvia. 2. Relajarse bajo una sombrilla en verano. 3. Un encuentro con la mujer de la curva.

Í: 1- The writting of my Fathers hand, de Dead Can Dance; 2- Alma, de Neuronium; 3- The gods are small birds , de Herbst 9.

 

F: Bueno Íker, para despedirnos, por favor, regálanos una anécdota musical.

Í: De niño tuve un sueño. Me veía mi mismo en los aires o un edificio muy alto, en mi Vitoria natal. Sonaba una sintonía muy poderosa, inolvidable. Se me quedó grabada durante años. Ese sueño lo recordé muchas veces pero pensé que la música, aquellas notas, eran algo propio de mi imaginación, una composición creada por mi mente. Diez años después y por accidente silbé la sintonía recordando el sueño. Estaba en clase. Un chico frances me dijo “Eso es Oxigene de Jean Michel Jarre”. No le creí. Al día siguiente me prestó el disco. Lo puse toda la tarde y lloré de emoción. Tenía 17 años. Había descubierto la mágica música de mis sueños y nunca desde entonces ha dejado de acompañarme en mis aventuras.